
El GP de Singapur gustó a muchos pero desagradó a otros tantos. No estoy en ninguna de esas dos opciones ya que no me desagradó, aunque sé que algunas cosas son cuestionables. El presidente de Ferrari, Luca Di Montezemolo, calificó de “circo” al GP de Singapur y aseguró que fue un espectáculo humillante para la F1 y que tocará el tema con el resto de los equipos.
El trazado de Singapur era más difícil que el circuito de Mónaco, afirmaron muchos. Adelantar era imposible y el menor error mandaba a los pilotos contra el muro y así terminaba la carrera como le sucedió a algunos de ellos. Dos entradas del Safety Car. La primera fue la que definió la carrera con el accidente de Nelsinho Piquet quien destruyó su Renault contra el muro. Un trazado en el que las escapatorias no existen, los adelantamientos son imposibles y la muñeca del piloto pesa más que nunca.
La indignación de Di Montezemolo y de muchos otros se debe a que la carrera se vio afectada por las sorpresas y los resultados se condicionaron por las características de un circuito urbano que no está básicamente hecho para la F1. Ese es el tema en cuestión. ¿Es ético correr en circuitos urbanos los cuales no están adecuadamente adaptados para la F1? ¿Será este un mero negocio que beneficia a los bolsillos de unos pocos y que perjudica a la F1? Eso es lo que plantea Luca Di Montezemolo.
Nadie cuestiona las instalaciones ni la gran calidad con la que se realizó este espectacular GP de Singapur, el cual personalmente viví de una manera estupenda. Sólo queda por pensar si este tipo de trazados en realidad benefician a la F1 o simplemente nos brindan carreras y resultados sorpresivos que algunas veces nos ponen felices (como en el caso de Fernando Alonso) y otras nos dejan enfurecidos.


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