
La última carrera de la temporada de la IndyCar decidía al nuevo campeón, el Óvalo del Auto Club Speedway de Fontana se vistió de fiesta para dar el broche de oro a la disputa por el trono de la categoría de monoplazas reina de América. Además, el asfalto de Fontana fue testigo de una carrera que tuvo una lucha agónica entre Will Power y Ryan Hunter-Reay que quedará para la historia.
En principio la prueba comenzó muy tranquila para los pretendientes al trono, no fue sino hasta la vuelta 56 que la carrera tuvo su primera inclinación, a favor de el estadounidense Hunter-Reay porque Power perdió el control de su Dallara DW12 y se fue contra el muro, dañando mucho su coche y producto de esto tuvo que abandonar más tarde. Pero fue un abandono mentiroso, porque el australiano volvió a la pista una hora después gracias al gran trabajo de sus mecánicos, añadiendo más condimento a la pelea que tenía el final muy cerca a esa altura y que ya era digna de un guión en Hollywood.
El regreso de Will obligaba al estadounidense a conseguir un sexto lugar como mínimo para alzarse con el título, nada alentador era el reto para Hunter-Reay que veía como Power completaba las 10 vueltas necesarias para colocarse delante de Ernesto Viso en la posición vigesimocuarta, así de emocionante fue esta carrera de película. En el abandono de Tony Kanaan tuvo su quiebre a favor del estadounidense, Kanaan se encontraba delante y una vez que quedó fuera de carrera, el piloto del Andretti Autosport tuvo que mantenerse en el top 5.
Top 5 que terminó sobrándole al estadounidense que finalizó en la cuarta colocación y con esto le alcanzó y le sobró para terminar con la sequía norteamericana de pilotos ganadores, ya que en el 2006 habían visto su último piloto campeón en la IndyCar. De esta manera más que emotiva se cerró una temporada bárbara de la IndyCar, y también de Chevrolet, la marca americana en su retorno a la categoría se subió a lo más alto del podio en los constructores.

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